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LA BELLEZA, PLUSVALÍA DE LAS COSAS
ÚTILES
Por J.C.H.
Publicado en El Correo Español, El Pueblo Vasco
Diciembre 16, 1984 |
Cocomir,
artista internacional, que vuelve a sus originales catalanes y explica por
España, ahora en Galería Berruet, su sentido de la vida en forma
de bastones, espejos, joyas
En el principio
el hombre creó el apoyo, recogiendo la rama que el viento desgajó
de un árbol, y la pulió a imagen de los callos de su mano: en el
principio el hombre sólo se conoció a sí mismo en el
espanto o la alegría del rostro de otro hombre al encontrarlo, muchas
veces en su propia cara reflejada en el cristal del agua; en el principio el
hombre convocó a los espíritus benignos, exorcizó a los
malignos y recordó a los ausentes en las formas amigas del metal, la
piedra y la madera; y encontró el hombre que el bastón, el
espejo, la joya, el fetiche y la escultura eran buenos. Y los amó desde
la herida de la rodilla hincada a lo profundo del acelerado corazón.
Following in the footsteps of the beginning, one day Cocomir left his
birthplace Llerida, and decided to travel the shortest route to find himself,
going around the world, including stops, staying at inns, and with constant
exercises of observation, apprenticeship and guesswork in Brazil, Japan, Timor,
Mauritania, London, Italy. He has rescued the iconoclastic pirouette of the
cane from the center of the earth, whose use encloses a Nobel Peace Prize
winner, a Malaysian tiger, a gardenia.
Siguiendo las huellas del origen, un día Cocomir, artista, salió
de su Lleida natal y se decidió a recorrer el camino más corto
para conocerse a sí mismo, dando la vuelta al mundo, incluidas paradas,
fondas y constantes ejercicios de observación, aprendizaje y
adivinación en Brasil, Japón, Timor, Mauritania, Londres e
Italia. Del centro de la tierra ha rescatado la pirueta iconoclasta de un
bastón, cuyo uso ahoga a un premio Nóbel, un tigre de Malasia o
una gardenia: utilidad prohibida; el guiño burlón de un espejo,
partido en dos, te parte esquizoidemente en dos, no se te ocurre mirarte, por
esa gota malva derritiéndose permanentemente; la queja latente, blanda,
indolora, de los cristos intentando escapar de su cruz, resbalar hacia el
reposo y la alegría; ese hada última que te cae del techo, que te
cae del cielo, con la varita de metal mágico amorosamente suavizada por
el color, color redondo, limado, lamido, mimado, milagros sin estridencias,
quizá un corte inesperado, insoslayable, porque ni las hadas cuando caen
se liberan del riesgo, la rasgadura de la caída.
Para eso ha vuelto a España Cocomir, gesto de refinada barbarie,
civilizadamente salvaje, liviano, frágil escurridizo, a mostrar
subdescubrimientos, hoy, ahora, en Logroño, hasta el 21 de diciembre,
antes de que caiga el solsticio de invierno, aquí, en Galería
Berruet, quien lo volverá a ver.
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