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LAS 1.500 POSIBILIDADES DEL ELEGANTE BASTÓN
Por Rafael
Espinós
Publicado en La Vanguardia, "Casa y Ambiente", p. 8,
0ctubre 27, 1991 |
El escultor
Cocomir, gran aficionado y conocedor del mundo de los bastones, ha creado
más de 300 piezas distintas.
Jaime de Mora
reconoce tener unos cincuenta y Antonio Gala, bastantes más. Sin
llevarlo, Beau Brummel hubiera parecido cojo, y hasta lagunas adivinanzas
clásicas ("¿cuál es el animal que de pequeño se
apoya en cuatro patas, de mayor en dos y de viejo en tres?")
carecerían de razón de ser.
Pero lo más interesante es que, sin el bastón y sus innumerables
aplicaciones, también el coleccionismo perdería uno de sus
objetos más versátiles y creativos. Eso lo sabían lo
coleccionistas más célebres. Se habla de que lo fue Tutankamen,
pero resulta más próximo y seguro referirse a las colecciones de
George Washington, Andrew Jackson, Voltaire, Napoleón, Toulouse-Lautrec,
Brummel y, más cerca en espacio y tiempo, Salvador Dalí, para
quien el bastón era, más que una apoyatura física, un
insustituible compañero gestual.
Y es que, desde que el mundo lo es, la vara, el cayado y el garrote han servido
para apoyarse no solo física, sino también moralmente. La vara de
mando se demuestra tan antigua como las civilizaciones de Egipto y Mesopotamia.
Representando autoridad, era complemento indispensable de algunos uniformes y
personajes (¿quién no recuerda las varas de campo de los mariscales
de ídem alemanes o la nerviosa caña de Montgomery?).
Báculo de obispos, cayado de pastores, chuzo de serenos, ruidoso
avisador para chambelanes que anuncian la entrada de gente importante, objeto
proyectable al aire por los directores de las bandas de gaiteros escoceses,
compañero cinematográfico de Fred Astaire y Maurice
Chevalier
A la postre, el bastón ha tenido desde antiguo todo tipo de usos y
funciones: desde la más pragmática, que es servir de ayuda al
cuerpo que anda cansado o como arma de defensa, hasta las más ociosas y
sofisticadas como son el servir de tintero, taco de billar enroscable o reloj
despertador. El joyero Van Cleef llegó a venderle a la maharaní
de Baroda un delicadísimo santón-esenciero cuya pedrería
sumaba más de 500 quilates.
Hay quien ha escrito que se conocen más de 1.500 usos del bastón,
lo que quizá constituya una exageración. Hablo del tema con
Cocomir, nuevo nombre de José Vicente Corominas, que corresponde a su
nueva vida de escultor y creador de bastones. Antes fue arquitecto, establecido
en muchos países del mundo; hoy es, posiblemente, el hombre que
más sepa de bastones en España. Cocomir trabaja entre Sant Antoni
de Calonge, donde tiene tienda y taller, y Torre Valentina, y es, desde luego,
el único escultor que ha creado más de 300 modelos, que realiza
artesanalmente. Pues bien, el artista advierte que en el coleccionismo de
bastones de época lo excepcional es encontrar uno que no está
falsificado en su carey, puño, marfil y hasta caña o vara.
Usos alternativos
"Todo bastón tiene un sentido, debe oscilar, casi caminar solo y
brindar su inercia al paseante", dice Cocomir. La vara o caña tiene
ahora una medida de 92 centímetros y ha crecido bastante desde que este
objeto tan bonito y práctico tuvo su época dorada a finales del
siglo pasado y principios del actual.
Con el mimetismo, hay quien lo atesoró fijándose en sus usos
inútiles, tan abundantes. Por ejemplo, en el bastón con
puño de cristal que acompañaba al suicida del "Vecchio
frack" o el "country" inglés, capricho de encargo que
hacían lores y caballeros a los mejores artesanos para recordar los
nobles rasgos de la cabeza de su mejor perro de caza o de su hijo perdido en
las colonias victorianas.
Hubo amigos de las armas blancas que encargaban bastones-estoque con
ánima del mejor acero. En cuanto a las armas de fuego, la casa Beretta
-informa Cocomir- fabricó bastones especiales para la guardia personal
del último sultán turco, mientras que la firma Remington
anunciaba en la prensa más selecta sus productos.
Y todavía abundan en el mundo hispánico las varas que esconden
ánimas de escopetas y carabinas, que alojan en disimuladas
recámaras cartuchos de postas y balas.
Al inútil bastón de ópera vamos a sumarle otros. Por
ejemplo, el tan tradicional de cayado o también el "pistol
grip", que tiene forma de puño y, por tanto, se empuña si es
bueno con facilidad anatómica y, por fin, el elegante y curvo que uno
tomaba por el más antiguo y que ha resultado ser el más moderno
de todos.
En el capítulo de maderas, los mejores bastones antiguos son de malaca,
una especie de junco de origen oriental. También en caña de
bambú, mucho más barata y asequible, se hicieron bastones de todo
tipo, pero son las maderas de cerezo y de castaño las que hoy por hoy
resultan más agradecidas. En cuanto a exotismos y sorpresas vale todo:
trenzados de tripa de toro, mazos de naipes perforados por un ánima de
acero y luego torneados, como si fuera madera, y los que no disimulan ni
encubren su dureza de hierro o acero para cumplir una doble función.
Dejando a parte el bastón de excursionistas, muy barato y
práctico, volvamos a los más sofisticados. Está claro que
un buen mango de plata exige ir de largo, rematar bellamente la obra con
maderas más nobles de apariencia que realmente prácticas: caoba,
palisandro y otras excelentes maderas tropicales no cimbrean ni resultan como
la malaca o el cerezo. Serán más bonitas, pero menos
útiles.
En España se fabrican, a parte de los bastones y muletas para personas
con problemas de locomoción, bastones para coleccionistas que pueden
adquirirse en las tiendas especializadas que existen en las principales
ciudades. En total, cree Cocomir, debemos producir unos 600.000 bastones de
todo tipo al año, y hasta exportamos, pero una cifra casi
ridícula comparada con la de los italianos, cuya factoría
más importante produce en Milán más de tres millones de
unidades al año.
En las salas de subastas y anticuarios, abundan los bastones de buen aspecto,
muchas veces rehechos con mangos y cañas que no se corresponden. Pero
son bonitos, no salen caros y se están poniendo de moda.
A cada uno su estilo y su precio, que segur calidad, materiales, rareza y
creatividad, para ir subiendo si a todo esto se acompaña la
singularidad. Pero uno diría que, aquí y ahora, no son caros.
Bastones de colección (ojo a los refritos que no merecen este
calificativo) los hay en anticuarios, "brocanters") y salas de
subastas. Y también hay buenas tiendas donde venden bastones de
diseño más o menos eterno y bastantes ingleses, que siguen siendo
consumidores importantísimos, buenos fabricantes y, en ocasiones, muy
creativos.
Para creatividad, escultura, formas acariciantes y funcionalidad garantizada
del artilugio, los bastones de Cocomir, accesibles en algunas tiendas, a parte
de la suya. En estilo realmente distinto, clásico y hermoso, la
escultora Pallejá modela unas hermosísimas cabezas de perro que
sirven de empuñadura para unos excepcionales "sticks"
súper británicos, una vez fundidas en metales nobles.
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