Me encantaba el buceo a pulmón libre en las Islas Vírgenes, y de allí se consolida mi amor por el mar. Mis amigos y compañeros fueron Chris y Tina Roy de Guavaberry Spring Bay, un hotel pequeño y familiar con bellos bungaloes escondidos entre las rocas gigantes de Virgen Gorda. Allí también conocí a Harry Menger que en aquellos tiempos se le consideraba el quinto mejor apneista del mundo, capaz de llegar hasta los 40 metros. |